Viernes, 16 de septiembre de 2011
Miguel Ors Montenegro

Polonia ocupada por nazis y soviéticos: la historia de Jan Karski

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KARSKI, Jan (2011), Historia de un Estado Clandestino. Acantilado, Barcelona.

    Jan Kozielewski (Lódz, Polonia, 1914 – Washington D.C., 2000), que tomó el nombre de Jan Karski en 1942, nació en Lodz el 24 de junio de 1914. Perdió a su padre en 1920 y fue criado por su madre, Walentyna, fallecida en 1935 y por su hermano mayor, Marian (1897-1964), quien sufragó sus estudios. Realizó estudios de Derecho y Diplomacia, cursados en la Universidad Jean Casimir de Lvov (1931-1935). Hizo también un año de servicio militar en la Escuela de Aspirantes de Artillería Montada en Wlodzimiers de Volinia (Ucrania en la actualidad), del que salió primero de la promoción. Entre 1936 y 1938 estuvo ocho meses en Ginebra en la OIT y once en el consulado polaco en Londres. En febrero de 1938 fue el primero entre 20 candidatos en un curso realizado en Varsovia de formación para futuros diplomáticos. Tras la guerra, emigró primero a Canadá y después a Washington. Allí, en la Universidad de Georgetown, obtuvo un doctorado en 1952 e impartió clase durante 40 años. Hombre profundamente católico, la Segunda Guerra Mundial le convirtió en un héroe a los 25 años de edad.

    Su relato comienza con una fiesta en la embajada de Portugal en Polonia. Horas después, partía en un tren militar para defender la frontera con Alemania y el 1 de septiembre de 1939 le sorprendió la blitzkrieg, la guerra relámpago, cuando los Stuka de la Luftwaffe eligieron deliberadamente Wielun, una pequeña ciudad del departamento de Lódz como objetivo de su primer raid: 46 toneladas de bombas sobre un objetivo que no alojaba más que hospitales señalados con grandes cruces rojas pintadas en los techos. Hubo 1.200 víctimas civiles, incluidos enfermos y niños. El ejército polaco se desintegró y Jan Karski huyó hacia el norte de Polonia y conoció la invasión soviética del norte de su país. Cayó prisionero de los rusos, intercambió su uniforme de oficial por el de un soldado y consiguió huir. Poco tiempo después se convirtió en miembro de la resistencia y contribuyó, junto a miles de polacos anónimos, hombres y mujeres, a la creación de un auténtico Estado clandestino.

    Su valentía le llevó a ser detenido por la Gestapo, torturado cruelmente –la primera paliza le dejó con media dentadura- sin que llegara a denunciar a sus compañeros. Superó incluso un intento de suicidio y, sus compañeros de la resistencia le ayudaron a escapar y a reincorporarse a su lucha. Su descripción pormenorizada del Gueto de Varsovia y del capítulo titulado “morir en agonía”, convierten el libro en un relato apasionante y conmovedor. Dos detalles: cuando un judío moría en el Gueto, sus familiares lo desnudaban por completo y dejaban el cuerpo en la calle, por la sencilla razón de que no podían permitirse pagar la cuota de entierro impuesta por los nazis. Igualmente, la muerte lenta de centenares de personas conducidas en un tren que se detiene en una zona deshabitada y que simplemente se dejan pasar los días suficientes para que nadie sobreviva.

    La última misión de Jan Karski fue viajar, pasando por la Francia ocupada y la España franquista, hasta Gran Bretaña y Estados Unidos y dar a conocer la experiencia que había vivido con sus propios ojos. Al menos tuvo la satisfacción de entrevistarse personalmente con F. D. Roosevelt.

    El libro pone de manifiesto que, frente a una opinión muy extendida, no fue solo el Partido Comunista –el partido de los fusilados como se le conoció en Francia- el que en Europa se enfrentó al fascismo. Un libro y un testimonio, pues, extraordinarios.

Miguel Ors Montenegro. Profesor de Historia en la Universidad Miguel Hernández de Elche

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