Sábado, 4 de febrero de 2012
Francisco Gómez
El principio de los ángeles
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Francisco Gómez. Escritor y Periodista
Últimamente tengo la grata sensación de que vivo rodeado de ángeles. Uno que no se merece casi nada y hace ya tiempo marchó del país de la inocencia y la ingenuidad para recalar en el páramo del escepticismo y la soledad sin perspectivas.
Pero parece que los jefes superiores con la Jefa al frente tratan de impedir que caiga definitivamente en los abismos de la desolación y la derrota. Ellos están ahí para amortiguar mis continuas y penosas caídas. Los ángeles de los que hablo no son como los del Misteri-ángeles de blanco inmaculado con alas de almidón en los omóplatos. No tocan el arpa ni el laúd, menos la guitarra ni bajan o suben a un cielo radiante azul coronado con los retales blancos de las nubes en un Cielo de paz, descanso y monotonía eternas.
Los ángeles, mis ángeles, visten pantalones vaqueros y zapatillas de deporte o zapatos desgastados, ropa cómoda, ahora abrigada frente al frío matinal. Mis ángeles me llaman por mi nombre, Francisco, el que me dio mi madre al nacer, otra enorme Angel-Angelines- para mí. Como mi hermana Mariángeles. Y dicen "Gracias", y "Por favor" y "Cuando puedas". Mis ángeles alegran el aire con su mirada y se dirigen con ojos santos a los ojos, a tus ojos. Algunos conservan en su retina la visión del primer día del mundo y entonces no puedo aguantarles la mirada.
Los ángeles, mis ángeles, no saben que lo son pero estoy tras su pista porque quiero pedirles que me pongan en contacto con el arcángel San Gabriel, el jefe de todos los ángeles, para pedirle, para implorarle, para suplicarle que me regrese con ella. Con toda humildad, con toda devoción, con todo mi corazón se lo pediría. Con la carne hecha palabras de este pecador que ya no tiene vanidad y sí muchos agujeros en el alma (the soul).
Vamos tan ciegos, tan rápidos, tan competitivos, tan egoístas, indiferentes que no apreciamos la misteriosa y cotidiana presencia de los ángeles en nuestras vidas. Para protegernos, anunciarnos, proclamarnos que no todo está perdido.
Los ángeles se visten en forma de niño en su carricoche, en forma de alumno que va camino del cole, con la historia de dos adolescentes que se juran amor eterno a las puertas del instituto. Con el aire de los viejitos que cuentan sus retrospectivas y bajo la atenta indulgencia de los parques. Los ángeles se adornan con los trajes de las mamás y las abuelitas cuando hacen la compra para su familia. Los ángeles son algunos hombres buenos que pasan por nuestro lado sin darnos cuenta.
Los ángeles sois vosotros y no sé si lo advertís. Por favor, buscad a San Gabriel y decidle que ella vuelva.
Gracias, ángeles, guardianes de mi vida.

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Comentario
Fecha:
Miércoles, 15 de febrero de 2012 a las 21:00
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NECESITAMOS SU AYUDA PARA PODER LLEVAR ESTA AMARGA VIDA POR LA QUE EN ESTOS MOMENTOS TRANSITAMOS.
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