Jueves, 9 de febrero de 2012
Margarita Fuster
Retorno al pasado
Guardar en Mis Noticias.
Enviar por email
Este es el título de una magnífica película del director Jacques Tourneur protagonizada por Robert Mitchum, una de cuyas frases más repetidas dice: “Ojalá me alegrara de verte”, denotando la imposibilidad de alegrarse del retorno a un tiempo pasado que, lógicamente siempre debe ser peor que el actual. La Historia o el mundo, decía el griego Heráclito, está en constante cambio, como la corriente de un rio: no nos podemos bañar dos veces en el mismo rio porque ni el rio es el mismo ni nosotros tampoco. La Historia, como proceso humano, va cambiando y enriqueciéndose a medida que se despliega. La Historia avanza hacia la libertad, decía el filósofo Hegel, con el optimismo de la Ilustración.
Hoy existe una visión más pesimista de la Historia, que cree que el pasado siempre regresa para proyectar su sombra destructora de atmósferas opresivas, sombrías e inquietantes.
Efectivamente, vivimos una época destructora de muchos de los derechos que habíamos conseguido en el estado de bienestar, con unos valores humanos que habíamos transformado en derechos, el mínimo común exigible para la dignidad humana. ¿Por qué digo esto?
Tenemos, por una parte, una Iglesia retrógrada, empeñada en su intromisión en el ámbito civil tratando de imponerse a los poderes públicos, incluso con la pretensión de modificar algunas leyes aprobadas por el Parlamento. La confusión creada artificialmente por las movilizaciones de los Obispos ha hecho retroceder el camino emprendido. Recuerdo con nostalgia al Cardenal Tarancón, luchador por la democracia en los años finales del franquismo así como al Papa Juan XXIII a quienes la Iglesia actual ha silenciado.
Por otra parte tenemos también al Gobierno que, después de hacer críticas feroces a la mala gestión económica de Zapatero, ha acabado (horror, no ha acabado todavía) haciendo lo mismo pero con una vuelta de tuerca: lo que pidan los mercados, cuya avaricia es responsable de la pobreza de una mayoría de los ciudadanos.
Lo que me ha dejado atónita son las medidas del flamante Ministro de Justicia, Ruíz Gallardón, a quien, ingenua de mi, consideraba un político abierto y liberal, de lo mejorcito del PP, capaz de gobernar con mesura e inteligencia si le hubiesen dejado. Pues no, se ha desvelado depositario de la ideología más retrógrada, la de su maestro Fraga Iribarne, a quien Dios tenga en su gloria. Con Gallardón las mujeres hemos retrocedido 30 años.
“La defensa del derecho a la vida (¿de todavida humana?), un tema tan asumido y desfasado para la sociedad, defendido a “marchamartillo” por los Obispos en sus manifestaciones de la Plaza de Colón de Madrid, revela quién es el gran aliado del partido en el gobierno. Esto ha conducido a la supresión de la ley del aborto actual que, hasta Aznar respetó, sustituyendo el modelo de plazos por el de supuestos, lo que exige una supervisión médica que sólo suspendería la gestación en caso de daños psicológicos para la madre. . Esto convierte a la ley, de nuevo, en un coladero y en un negocio para algunos médicos. Y las mujeres habremos perdido los derechos conseguidos con la maternidad libremente elegida y todo lo que deriva de esto en cuanto a la asistencia y al control de nuestro propio cuerpo. El caso de que una adolescente a partir de los 16 años pueda abortar sin el consentimiento paterno, aprobado por los socialistas, está en concordancia con otros de sus derechos, como el de decidir sobre intervenciones quirúrgicas o de rechazar una transfusión en caso de ser testigo de Jehová.
Sería una excepción relativa al sexo, que es lo primordial para la Iglesia católica. Esto es lo que se esconde en la supresión de la asignatura “Educación para la ciudadanía” por parte del Ministro de Educación Sr. Wert , que la considera una asignatura “adoctrinadora”. Se trata de una educación en valores, tan necesarios en nuestra sociedad, como son la justicia, la solidaridad, el respeto, la responsabilidad, el cuidado (la fraternidad)…Pero ellos plantean la cuestión de la educación para la ciudadanía como una cruzada, porque en el fondo están pensando sobre todo en la familia tradicional y en la sexualidad. Nada más lejos de las preocupaciones evangélicas del Cristianismo. Porque la ley moral sólo obliga a respetar otras opciones de vida.
En cuanto a la reforma del Tribunal Constitucional, tantos años postergada por falta de consenso, se va a reducir a que los Jueces, que son el tercer poder del Estado de la democracia perfilada por Montesquieu, se elijan entre ellos y no por el Parlamento elegido por el pueblo. Un mal menor ésto si lo comparamos con el poder de unos funcionarios conservadores y elitistas que ejercerán su enorme poder de decisión (delegado del pueblo) desconectados de los problemas del pueblo.
Otros cambios legislativos que propone Gallardón tienen el mismo carácter ultraconservador: la ley del matrimonio homosexual, a la espera de lo que resuelva el Tribunal Constitucional; la cadena perpetua que se presenta como prisión permanente revisable para algunos casos; el pago de tasas judiciales, con lo que la justicia quedará para los ricos etc. etc.
En una sociedad en que el Estado de bienestar está haciendo aguas, la mujer es la que puede perder más. Con la crisis la mujer sigue encontrando más dificultades que el hombre para encontrar trabajo. El trabajo, como la educación es lo que, a la larga, nos hace libres.
Pero el empobrecimiento de millones de personas de todo el mundo, agudizadas por las medidas de ajuste estructural impuestas por el Fondo monetario internacional y el Banco Mundial de los países dependientes, nos ha sumido en una crisis cuyo efecto ha sido la pérdida de una socialdemocracia europea, la sociedad del bienestar y su sustitución por el neo- liberalismo actual.
No nos resignamos. Como dice el filósofo Emilio Lledó, creemos en lo público, un gran descubrimiento de la democracia. Creemos en el espacio público, tanto en el físico como en el ideológico, en una sociedad montada en buena parte sobre estructuras económicas públicas. Porque los hombres somos esencialmente seres sociales y lo público es la manifestación de la solidaridad. Con una educación y una sanidad públicas, aunque las consideren ineficientes porque no obtiene ganancias. El Estado tiene la responsabilidad legal de hacer posible la excelencia individual. Es la tarea educativa del Estado.
Pero entretanto, con la inseguridad surge el miedo y la desconfianza, que acaba con la interdependencia en que se basa la solidaridad. Con el cambio climático las consecuencias serán más dramáticas todavía, porque necesitaremos un Estado más que un mercado, volver a la democracia, a la conversación pública más que a la economía. Para ello tenemos que dotarnos de leyes que nos protejan de los tecnócratas, que se han introducido en los gobiernos por medios ajenos a la democracia, en Grecia, en Italia…dicen que no son políticos. Falso, son políticos en cuanto ejercen la política y tienen una ideología neoliberal. La democracia está en peligro…No se puede justificar esta interrupción de la democracia utilizando como pretexto la corrupción de algunos políticos. Tendremos que dotarnos de leyes que den transparencia y acaben con sus privilegios, evitar el “anillo de Giges” que cita Platón en la República, que les hace invulnerables : “los hombres acostumbran a esquivar la virtud cuando se alejan del castigo”, sacrificando la moral en beneficio del poder, de la política.
Un aspecto negativo de la democracia actual es la “sacralización” de la tolerancia, la apatía moral, la falta de modelos de buena vida. Hoy se confunde tolerar con respetar. Aunque no haya más remedio que tolerarlo todo, no todo se puede respetar. La moral light, el pluralismo axiológico o relativismo ha sido la base de la política y de la sociedad actual. Pero mientras los seres humanos seamos como somos (véanse los corruptos de nuestra Comunidad o de otras) hay cosas que, como dañinas, hay que prohibir. Por tanto, intolerancia con la trasgresión de los principios y normas básicos, tolerancia con los secundarios. La vida privada no es un asunto privado, pues para contribuir a la vida pública es necesaria una buena vida.
Frente a la democracia de la tolerancia, la de la excelencia privada. O educamos a elegir, a ser libres o nos condenamos a los impulsos y a ser objeto de las manipulaciones.
Finalmente está claro que, como filósofa trasnochada, me adhiero a un concepto ilustrado de la Historia, pues aunque hay que seguir denunciando, como filósofos, como “aguafiestas del lugar común”, no podemos retroceder, aunque no tengamos que seguir un solo camino, sino ir negociando con las dificultades, con las contrariedades que nos van apareciendo, utilizándolas y estableciendo metas que nos vayan aproximando a lo que queremos: una sociedad donde se respeten los valores, los derechos humanos: la justicia, porque no puede haber igualdad entre los desiguales (Rawls); la hospitalidad con los vulnerables porque ´”la estructura de la sociedad ahora se articula como una contraprestación de servicios que no sigue los criterios de la estricta reciprocidad “ (Daniel Innerarity); el cuidado, la fraternidad, que ha de pasar de ser una virtud privada ejercida exclusivamente por las mujeres, a convertirse en obligación pública (Victoria Camps); la igualdad, sobre todo entre los sexos ….Justicia, hospitalidad , cuidado, igualdad… que no significan un “adoctrinamiento” de los ciudadanos, sino una nueva Ética para la Política.
Margarita Fuster. Profesora de Filosofía

4
Comentarios
Fecha:
Martes, 14 de febrero de 2012 a las 02:44
“
Un escrito que no me ha dejado indiferente. Saludos
„
Fecha:
Lunes, 13 de febrero de 2012 a las 20:06
“
Verdad,sabiduría y actualidad.Gracias Marga
„
Fecha:
Sábado, 11 de febrero de 2012 a las 14:30
“
Gracias Margarita!!, es un placer, en estos tiempos que corren, "oirte"
„
Fecha:
Viernes, 10 de febrero de 2012 a las 12:34
“
Marga, cuánto agradezco el empleo de tu tiempo, de tu saber y de tu humanidad para escribir estos artículos que a nadie nos debería dejar indiferentes. Celebro cada una de tus palabras en este tan acertado trabajoy que tengas a bien compartirlo con todos nosotros. Mi admiración y agradecimiento más sinceros. Te quiero
„