Al día siguiente de la fiesta en el Hort de Baix de Elche en recuerdo a mi abuelo, el republicano de a pie Nazario González Monteagudo, que ayer hubiera cumplido cien años, el país se almuerza con el anuncio de elecciones. Él, en el momento actual, votaría (seguro) a la izquierda, a la que más defendiera las ideas republicanas, aunque también miraría de reojo el voto que evitara este regreso de la derecha que elimina pasionarias de sus jardines, recupera alcaldes fascistas para nombrar sus avenidas o llama terroristas a los jóvenes que se indignan ante un sistema injusto que favorece el enriquecimiento de políticos y empresarios a costa del ciudadano —y si no, véase la larga lista de casos de corrupción política y de desfachateces financieras.
Él, que hubiera deseado ser concejal de Cultura sin cobrar un duro, a la manera de su maestro político, el diputado del Partido Republicano Radical Socialista don Julio María López Orozco, que dedicó el patrimonio familiar a trabajar por el pueblo sin pedir nada a cambio.
Votaría republicano por un motivo esencial y de cajón: la legitimidad, todavía hoy, 80 años después de la proclamación de la II República, del ideal republicano por el que ningún ciudadano está por encima de otro. Para celebrar esa idea es por lo que ayer se reunieron varios centenares de personas entre palmeras, convocados por el ateneo que lleva el nombre de mi abuelo, encabezado por su hija Helia y por su gran amigo y hermano masón Jorge López Bernal, quien sigue “dando guerra” a sus 90 inconfesados años.
Hubo cuentos, música y variedades, por un rato nos trasladamos a un escenario del exilio argelino. Gracias a una troupe teatral, Nazario y su compañera, Isabel, se pudieron ganar la vida cuando desembarcaron del Stanbrook en Orán y durante diez años se aguantaron las ganas de volver a casa al oír las noticias de familiares y amigos encarcelados o muertos debido a la represión franquista que, como dijo Paul Preston no hace mucho, produjo un “holocausto”: miles de asesinados que se unieron a los 500.000 de la guerra.
A lo largo de un espéctaculo de varias horas, ayer hubo voces políticas en forma de rap o punk sobre el escenario pero sobre todo se juntó la gente de todas las edades para conmemorar una forma de ser y estar en el mundo: aquella que defiende la igualdad entre los seres humanos por encima de condicionantes ideológicos, económicos o de herencia sanguínea. Don Nazario supo transmitir esa ecuanimidad y buen rollo, los congregados y muchos otros conciudadanos, de toda variedad y condición, lo supieron valorar entonces y lo siguen recordando como una actitud tremendamente necesaria y actual hoy en día.
Andrés González Sánchez. Licenciado en Periodismo y máster en Literatura.MásGalería fotográfica Fiesta Centenario de Nazario González